Viernes 10 de Julio de 2009 09:52

La utilización de chips o virutas de roble en el vino ha sido un secreto a voces en España hasta que la Unión Europea aprobó su utilización hace un par de años. Y llegó el escándalo. Bastan unos gramos de chips durante unas semanas para que el vino tenga gusto a madera, lo que supone, entre otras cosas, una notable reducción de los costes de producción. De un amplio catálogo se puede seleccionar tipo de robles, tamaños, intensidad del tostado de las virutas y perfiles aromáticos.
Polvo de roble en el mosto mientras fermenta el vino, dados de madera en bolsitas durante la fermentación, virutas sumergidas en los depósitos, duelas muy pequeñas que se introducen en barricas muy usadas... Un sinfín de alternativas utilizables en cualquier fase del proceso de fermentación o crianza del vino y que sustituyen a la tradicional barrica.

Estas prácticas nacieron en países de poca tradición enológica como Australia, Chile, Argentina o Estados Unidos, donde su utilización es muy habitual, y su legislación más flexible. Por ahora, en España está permitido el uso de virutas para todo tipo de vinos, sin obligación de indicarlo y sólo es incompatible con la mención de "fermentado", "envejecido" o "criado" en barrica en el etiquetado. Así que si en un vino aparece la palabra crianza, reserva o gran reserva, tendremos la certeza de que no se han utilizado chips.

La única oposición y prohibición oficial a esta práctica ha sido la del Consejo Regulador de la Denominación de Origen Rioja por considerarla competencia desleal y confundir al consumidor. Hay que ser prudente con estos vinos, ver cómo evolucionan en el tiempo y si llegan a alcanzar el grado de calidad o complejidad comparado con las lentas crianzas en barrica.
Virutas, ¿por qué no?, pero que lo digan en la etiqueta.
Lunes 29 de Junio de 2009 15:17

Actualmente la situación de muchas bodegas es crítica debido a los excedentes y a los recortes de los precios por la caída de la demanda del mercado interior. Por ello, además de una diversificación de la oferta, el enoturismo se plantea como una alternativa económica para estas empresas y al parecer está dando resultado.
En destinos como El Penedés Catalán, Andalucía, Valladolid, Rioja y otras zonas vinicolas, se ha demostrado que la cultura del vino añade un plus de calidad a la oferta turística y representa un complemento ideal de otros grandes productos como la naturaleza, la historia, el arte y la gastronomía.
No obstante, consideramos que aún falta el último empujón para que se pueda considerar como una actividad plenamente consolidada, aunque ya se ha demostrado que no se trata de una moda sino de un turismo totalmente establecido, rentable y con muchas perspectivas de futuro.

El turista enológico no solamente viene a ver bodegas sino que, además de eso, quiere actividades y acciones asociadas al vino y su cultura, como paseos por viñedos, cursos de cata de vino y buena gastronomía.
A este último empujón, es el que en “aldespy” esperamos poder contribuir, ya que estamos creando un programa de viajes y visitas enoturisticas “Todo incluido y con bajo coste” adaptables a cualquier tipo de bodega.

OS TENDREMOS INFORMADOS!!!














