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PobreEl mejor 

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En los restaurantes, llama la atención, el incremento de comensales que comen sin vino. Beber de forma voluntaria, implica una búsqueda de satisfacción, de placer y nunca puede ser un castigo.

Más, si consideramos en sentido amplio, que el vino es un alimento, que también se ingiere, con la finalidad de acompañar armoniosamente una comida, aunque no casa con todo.

Varios son los factores que contribuyen al descenso de su consumo. Entre ellos, los controles de alcoholemia, son lo más temido. Ciertamente, aquí no hay nada que objetar: el alcohol y la conducción son incompatibles. Parece que nos cuesta más renunciar al vehículo que prescindir del vino; cuestión de prioridades. Yo voto por el vino y el taxi.

maridaje

Hablamos de asociar vino y comida, por tanto el cocinero y su equipo deben preocuparse de la combinación de los vinos con su oferta de platos y viceversa. ¿Cuántos cocineros, elaboran platos pensando en vinos determinados?

Está después, algún sector de la clase médica, que tiene la costumbre de demonizar todo lo placentero. El vino, también. De todos modos frente a opiniones dogmáticas sobre el consumo se alza, por un lado, el sentido común de la cultura mediterránea, expresado por la moderación y, por otro, los estudios científicos sobre las cualidades saludables del vino, ambos, en consonancia con el postulado de Paracelso: «La dosis apropiada es lo que diferencia un veneno de un remedio».

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Por último está: el precio. Hoy se dice, con razón, que una botella de vino en el restaurante es un invitado más a la hora de pagar. Así, la mayoría de los restaurantes practican márgenes del 100 por ciento y hasta del 300 por ciento sobre su precio de coste; algo han de ganar, que un restaurante es un negocio. ¿Pero tanto? ¿A cambio de qué? Y esos precios son, muchas veces y según para quién, disuasorios. Hay vinos asequibles... pero no abundan en las cartas.

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Por otra parte, y aunque los prescriptores alaben este tipo de etiquetas, el consumidor las ve con cierta desconfianza: no creen que un vino barato, pueda ser aceptable, son muchos años de experiencia contraria, de vinos mediocres, impuesto por el acoso reiterado.

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Finalmente, al consumidor castigado, le queda el consuelo de la cerveza, el agua o limitarse a los establecimientos que atienden sus necesidades.

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