Martes 17 de Noviembre de 2009 15:03

En el mes de septiembre, la D.O. Montilla-Moriles se viste de gala para celebrar el ancestral rito de la vendimia. Las altas temperaturas que se registran en la Campiña durante los meses de verano permiten alcanzar a las uvas su grado óptimo de maduración.
El ritual se perpetúa de forma invariable. Bajo un sol de justicia, los vendimiadores se encorvan para acariciar los prietos racimos que han concedido fama internacional al sur de la provincia de Córdoba.

El clima de esta comarca, cálido y seco, consigue preparar la uva para el momento de su recolección, enriqueciéndola de azúcares que, ya en la bodega, se transformarán en grados de alcohol naturales.

Proyectos como la Ruta del Vino Montilla-Moriles , las catas dirigidas o las actividades promovidas por la Hermandad de la Virgen de las Viñas, por la Cofradía de la Viña y el Vino, o por colectivos como El Mandil, La Avenencia, la Asociación de Empresarios o El Coloquio de los Perros, dan buena muestra del compromiso de esta tierra con sus caldos.

Las bodegas, los templos del vino, lugares mágicos, sagrados. Si la historia cristiana sobre la creación del Universo fuese cierta, seguro que el lugar escogido por Dios para crear al hombre, hubiese sido una bodega, rodeada de hermosos viñedos. En las bodegas es donde se produce esa maravillosa metamorfosis, que convertirá el fruto de la vid en ese preciado liquido que llamamos vino, en ellas, en su silencio embriagador, el hombre en perfecta armonía con la naturaleza aplicará sus conocimientos.







