Martes 01 de Diciembre de 2009 19:44

finales de los 80 algo se estaba moviendo en el sector vitivinícola Español. Una nueva generación de gentes del vino fluía por las distintas regiones vitícolas. En este momento llegaron a La Rioja Mario Rotllant y Carmen Daurella, con la intención apasionada de crear un proyecto que aportara algo nuevo al mundo del vino.
En La Rioja, donde parecía que todo estaba hecho, en el barrio de la Estación de Haro, donde tantas páginas de oro se habían escrito en el último siglo, en un balcón que se asoma a uno de los meandros del río Ebro, allí comenzó la aventura.
Que mejor forma de personalizar un proyecto que dándole como nombre las iniciales de ambos apellidos, RO-DA. Los primeros tiempos fueron de contactos y pruebas. En el año 91 se forjó la filosofía. Un equipo técnico sobredimensionado fue la mejor solución para posicionarse en la cabeza de las expertas bodegas Riojanas en un plazo corto de tiempo.
Sólo variedades autóctonas de uva tinta, Tempranillo, Garnacha, Graciano. Respeto absoluto a la añada, nunca se utilizan vinos de otros años para uniformizar o refrescar una cosecha. Sólo vinos elaborados en casa, nunca se compran vinificaciones de otras bodegas. Vinos que arranquen las entrañas del viñedo, suelo, clima, paisaje, hechos para disfrutar.
Sin prisas para obtener resultados económicos pero con la meta fijada en ser con el tiempo una de las referencias entre los grandes vinos del mundo.
Después llegaron los medios para cumplir estas premisas.
El control de una veintena de pagos vitícolas distribuidos en los mejores ecosistemas de la zona de los cuales cada año se vinifican los 17 mejores. El empleo de viñas viejas como garante de la mejor calidad del tempranillo y la garnacha. Un sistema de valorar las uvas de los proveedores como nunca había existido. La vendimia en pequeñas cajas, la primera mesa de selección que se instaló en Rioja. La vinificación en tinas de roble francés con control de temperatura. La crianza en barricas de roble francés 100%. La vocación investigadora que nos permite liderar proyectos internacionales a través de nuestro activo departamento de I+D+i.
En fin, un apasionante proyecto que esta bodega nos invita a descubrir.
Emplean viñedos viejos porque consideran que el equilibrio de producción que se consigue en ellos es insuperable, porque la profundidad de sus raíces y el volumen de suelo explorado aminora la influencia de la sequía y de las lluvias excesivas y porque son capaces de aportar mayor complejidad a las uvas.
El respeto a la naturaleza es una obsesión en su cultivo, la hierba suele crecer libremente desde el mes de octubre hasta el mes de abril y las borduras de los viñedos se mantienen con la flora autóctona durante todo el año para que los insectos beneficiosos puedan cerrar su ciclo.
Los abonados se limitan al mínimo, aportando la mayor parte en forma de estiércol. Los tratamientos fitosanitarios son fundamentalmente en forma de azufre y cobre, evitando, en lo posible, los productos de síntesis química.
Una de las operaciones más complejas y de las que más esfuerzo requieren es la selección de los viñedos que van a entrar a RODA y del día de vendimia.
Entre el comienzo de la maduración y el final de la vendimia, las visitas a cada viñedo se intensifican hasta llegar a tres veces por semana. La observación detallada de cada síntoma, texturas, colores, la cata de bayas y pepitas y el apoyo continuo del laboratorio nos permiten aproximarnos al hipotético óptimo de la maduración. Una cuadrilla de 40 personas, que repiten año tras año, se encargan de vendimiar manualmente, en cajas de 18 Kgs. la viña que se ha determinado ese día.

Salvo alguna excepción, todos los viñedos, sean propios o no, los recolecta supersonal para poder controlar el momento y la selección de racimos en campo. Es frecuente que en algunos casos se hagan dos vendimias e incluso tres para poder recoger todas las uvas con la maduración perfecta. Las cajas se transportan a la bodega paletizadas en remolques o camiones y una vez vaciadas se lavan meticulosamente y vuelven al próximo viñedo. La producción media por hectárea no supera los 5.000 Kgs.
Cada uva, durante su maduración, debe captar hasta el más mínimo detalle del paisaje que la rodea, el calor de los días de septiembre, el frío de las noches de octubre, la transparencia del inicio del otoño, los días que se hacen más cortos, el viento del norte al atardecer, la fragancia de las hierbas aromáticas que la rodean, las sensaciones del suelo donde vive, la oscuridad del subsuelo que penetran las raíces. Los pequeños matices las hacen diferentes cada añada y el reto consiste en saber interpretarlos y transmitirlos a través del vino.
Actualmente controlan el cultivo de 150 Has. de viñedo de las cuales la mitad son propias y en la otra mitad con diferentes acuerdos con los viticultores. Están distribuidas en 28 ecosistemas diferentes que varían desde altitudes de 380 m. hasta 650 m. sobre el nivel del mar, con suelos distintos, arenosos, arcillo calcáreos, arcillosos, terrazas pedregosas, siempre con buenas orientaciones y en zonas de excelente vocación vitícola.
Cada año después de un seguimiento meticuloso del ciclo y del cultivo, se elegen los 17 mejores viñedos para elaborarlos en RODA, del resto se vende la producción en uva. Hay muchos que se repiten cada año, otros van alternando en función del efecto de la meteorología de la campaña.

En RODA no existe tolva de recepción, los racimos suben por una cinta de cangilones de polipropileno, sin sufrir ningún daño, hasta el piso superior donde se inicia un proceso que utiliza en todo momento la fuerza de la gravedad. Una mesa de triaje con seis personas permite terminar la selección que se ha realizado en el viñedo quedando lasuvas listas para el despalillado.
La nave de elaboración de RODA es una sala rectangular con 17 tinas de roble francésque se renuevan cada diez años. Todas las tinas están provistas de bombas de remontado individuales, sondas de controlde temperatura y sistema de refrigeración y calefacción, los bazuqueos son manuales. Las capacidades van desde 12.000 a 20.000 ltrs.
Las uvas de cada uno de los 17 viñedos distintos, se encuban por separado en tinas diferentes. Como norma se fermenta sin sembrar con levaduras seleccionadas, dejando que la flora autóctona se encargue del proceso. Cada viñedo exige una vinificación a medida, pero en términos generales el proceso consta de tres fases: maceración prefermentativa en frío, fermentación y maceración postfermentativa. Suelen ser habituales encubados de 18 a 20 días.

Este es otro de los momentos fundamentales del vino y para determinarlo además de las analíticas cotidianas de cada tina, un equipo de cuatro personas cata diariamente cada una de las vinificaciones. Los vinos se descuban directamente a barrica y los hollejos se escurren en dos prensas verticales.
Desde los primeros ensayos sobre la fermentación maloláctica en sus vinos, vieron que el método que mejor se adaptaba al estilo que buscában era realizarla en barricas de 225 ltrs. Las estrictas exigencias de las bacterias lácticas en cuanto a las condiciones de temperatura, los lanzó a un proyecto de I+D+i para desarrollar un nuevo concepto de sala bioclimática en la que pudiéramos hacer la fermentación y la estabilización natural de 1200 barricas al mismo tiempo. El proyecto, catalogado como Eureka, resultó un clamoroso éxito y construimos la primera sala de malolácticas climatizada mediante suelo radiante y refrescante.

Los vinos se descuban directamente sobre barricas de roble francés, el 50% nuevas y el otro 50% de un vino, manteniendo separados los 17 ecosistemas vinificados.Se consiguen 20ºC de temperaratura en el vino, manteniendo humedades entorno al 75%. Durante este proceso las barricas se tapan con tapón de cristal y se rellenan diariamente.
La maloláctica termina durante el mes de diciembre, en ese momento se apaga el suelo radiante y comienza el proceso de estabilización natural.La sala está provista de un gran ventanal en su lado norte que se abre y deja pasar el viento frío de los meses de diciembre, enero y febrero. Con este sistema natural se consiguen temperaturas entorno a 6ºC que favorecen la decantación de los restos de levaduras, bacterias y demás partículas en suspensión en el vino. Terminada la estabilización natural se hace un trasiego, unificando las barricas de cada pago y manteniendo siempre los 17 viñedos por separado.
En Roda tienens tres naves de crianza definitiva, dos subterráneas, excavadas en la roca, llamadas, LA NAVE DEL CARDO, haciendo honor a una gran escultura de forja que representa las tres flores de cardo que forman nuestro emblema y EL CALADO, un antiguo túnel del siglo XIX que sale a 12 metros de profundidad a una terraza sobre el río Ebro. La tercera nave es la misma que se empléa para la maloláctica, la llaman la NAVE T y para este proceso ponen en marcha el suelo refrescante, consiguiendo una temperatura de 15ºC en el vino.Las tres se emplean con el mismo fin pudiendo usar sus diferentes condiciones climáticas en función de los distintos tipos de vino.

La duración de la crianza en barrica varía dependiendo de cada pago, pero la norma habitual está entre 12 y 16 meses. Cuando los 17 vinos diferentes llevan un año de barrica, llega el momento definitivo de ensamblar los pagos que tienen características de RODA y los que su carácter es de RODA I.
LOS VINOS



Para RODA van los vinos de fruta roja, con los aromas siempre presentes en el borde de la copa, dispuestos para ser apreciados de inmediato, con especias dulces y una festiva frescura. En boca la fruta roja debe ser protagonista, con un paso de boca fresco, largo, sedoso y de volumen continuo. Vinos importantes, perfectos para la gastronomía.
Para RODA I van los vinos de fruta negra, con aromas de gran hondura que salen lentamente de la profundidad de la copa y se hacen grandes en la nariz, con notas minerales, de chocolate y ciruela negra. En boca deben ser frutales, voluminosos, complejos, envolventes y largos, con taninos fundidos y sensación fresca. Vinos grandes, para la gastronomía y la reflexión.
La selección de los dos vinos representa un complejo trabajo de equipo para el que son necesarias muchas catas y una gran compenetración. Hay viñedos que un año van a formar parte de RODA I y al año siguiente forman parte de RODA, incluso puede haber años que no entren a la bodega. Todo depende del capricho de la meteorología anual y de su interpretación en cada ecosistema.
Tanto RODA I como RODA salen al mercado como reservas por lo tanto tienen que pasar tres años entre barrica y botella. Si su crianza en barrica ha sido entre 12 y 16 meses, en botella permanecerán entre 20 y 24 meses como mínimo.
Se busca que los dos vinos salgan al mercado listos para beber pero con vida por delante para poder mejorar durante muchos años.
Se observó, en el año 1995, que algunas cepas producían uvas cuyo sabor era muy diferente al de las plantas de alrededor. Mientras la sensación habitual de la cata de una uva es de fruta fresca, acida y dulce, encontraron que en estos casos la sensación era de plenitud, de volumen, registros más próximos a un vino que a una uva.
Este descubrimiento les hizo reflexionar sobre la causa del fenómeno y les llevó a estudiar si era repetible a lo largo de los años y en otros viñedos. Comprobaron que había cierta predisposición en algunas plantas a que se repitiera, pero además de la genética y de su microclima, también influía el efecto de la añada meteorológica.
Comenzaron a pensar que este fenómeno podía estar ligado a un nivel alto de polimerización de taninos en la propia uva, cuando lo habitual era creer que la unión de unos taninos con otros se producía en el proceso enológico y principalmente durante la crianza en barrica. Si esto era cierto, las cepas estaban jugando un papel sustitutivo de la crianza y se penso que elaborando por separado estas uvas se conseguiría un vino de enorme sedosidad y evitaríamos que la madera robara parte de su riqueza frutal.

El año 1.997 se elaboró el primer CIRSION, que no salió al mercado y comprobando que con una corta crianza, alcanzaba un nivel de sedosidad increíble y una complejidad frutal fuera de lo común. El siguiente paso fue identificar visualmente los síntomas de las plantas y formar un grupo de vendimiadores capaces de detectarlas.
Cada año, en vendimias, recorren algunos de sus viñedos buscando esta curiosa rareza natural y así, una entre mil, se recogen las uvas de CIRSION.
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Avda. Vizcaya, 5. Barrio de la Estación.
26200 Haro (La Rioja).








